En una conversación con la diseñadora Marisol Henríquez salió el nombre de Astrid. Ella hablaba de las clases que le imparte a un grupo de jóvenes que quiere aprender sobre costura. “¡Ay, Marta, tengo una muchachita más chula! Ella tiene una condición, no escucha bien, pero está trabajando el tejamaní a las mil maravillas”. Había que prestarle atención a estas palabras.

“Anjá, ¿y cómo escucha las clases?”. Se le preguntó. “Ella tiene su aparatito. Es una muchachita delicadita, parece una niña, flaquita, pero con mucho talento. En realidad, ella terminó el bachillerato y quiere hacer una carrera, pero no cuenta con los recursos, así que mientras tanto, ella está aprendiendo costura conmigo”. Eso respondió Marisol. No se quiso más. El tema se tornó interesante y LISTÍN DIARIO no perdió tiempo.

Al día siguiente, Astrid Cubilete y su madre Esther Pontier ya estaban contando su historia.

“Hola, Astrid. Eres muy bella y talentosa”. Se le dijo mientras ella mantenía su cabeza agachada trabajando en la técnica de tejamaní. Lo hacía con precisión y como toda una experta, y Raúl no tardó en captar el momento. Apenas se le puede entender lo que habla, pero su madre la entiende a la perfección.