Según las conclusiones de un nuevo estudio, las montañas en la superficie de estrellas de neutrones pueden generar arrugas en el espacio-tiempo (ondas gravitacionales) que se propagan por el cosmos y que serían detectables.

 

El estudio lo han llevado a cabo Jorge Morales y Charles Horowitz, ambos de la Universidad de Indiana en la ciudad estadounidense de Bloomington.

 

Las estrellas de neutrones son soles muertos y hundidos sobre sí mismos. Su densidad es tan alta que supera en un billón de veces la del plomo. De su interior se conoce poco, y tampoco es mucha la información que se tiene sobre su superficie. Sí se sabe a ciencia cierta que, a diferencia de las estrellas en activo, las de neutrones tienen una superficie sólida. Al poseer una superficie sólida, es factible que existan montañas en ella. De todos modos, la altitud de estas montañas sería muy poca, no perdurarían por tiempo ilimitado y los procesos que conducirían a su formación serían muy distintos a los de la geología de la Tierra o de otros mundos.

 

Aun así, pese a su pequeño tamaño, las montañas de las estrellas de neutrones serían mucho más masivas que cualquiera de la Tierra, tanto que la gravedad de estas montañas, en combinación con la del resto del astro y con la rotación del mismo, permitiría una emisión de ondas gravitacionales que produciría un patrón característico de ondulaciones, o arrugas, en el tejido del espacio y el tiempo. El observatorio de ondas gravitacionales LIGO (Laser Interferometer Gravitational wave Observatory) está ya buscando las señales que esas montañas generarían.

 

En teoría, las montañas u otras deformaciones análogas en estrellas de neutrones con una rotación significativa hacen que se irradien de forma eficiente ondas gravitacionales distinguibles de las de otros tipos.