En 2023, Gizem Gumuskaya y Michael Levin, de la Universidad Tufts en Estados Unidos, crearon estructuras vivientes a las que dieron el nombre de antrobots. Estas estructuras son diminutos organismos multicelulares cultivados a partir de una sola célula traqueal humana y con una configuración independiente de las normales en el cuerpo humano. Esa configuración alternativa puede darles a los antrobots una forma esférica o un poco oblonga, cubierta de cilios en toda su superficie o en parte de ella, con los cuales disponen de capacidad de locomoción.
En un nuevo estudio, Gumuskaya y Levin revelan lo que ocurre en el interior de las células de los antrobots durante el proceso de formación de estos.
Uno de los cambios más importantes es que cuando las células se topan con la nueva misión de crear antrobots en vez de humanos enteros, cambian la expresión de miles de genes.
Los autores del nuevo estudio han descubierto que las células humanas, una vez liberadas de las obligaciones que la evolución les ha impuesto, dan marcha atrás al reloj biológico y pasan a expresar tanto genes antiguos, compartidos con ancestros del ser humano que se remontan a un pasado remoto, como genes de la fase embrionaria, que son los que están activos durante la etapa embrionaria del individuo humano. Los antrobots se fabrican a partir de células donantes adultas, por lo que resultó sorprendente comprobar que esas células también son capaces de expresar genes de la fase embrionaria.
Más allá de la creación de nuevas construcciones sintéticas, entender cómo las células humanas adoptan nuevas formas puede aportar datos nuevos y reveladores sobre enfermedades del desarrollo, incluyendo defectos congénitos. Gumuskaya, Levin y sus colegas buscan conocer mejor las reglas del autoensamblaje para poder quizá algún día ayudar a prevenir defectos de nacimiento, hacer crecer nuevos tejidos y órganos en el marco de la medicina regenerativa y crear (a partir de las propias células del paciente) antrobots especializados que una vez introducidos en el cuerpo podrían tratar enfermedades y reparar daños sin desencadenar reacciones indeseadas del sistema inmunitario.
Los antrobots son en su mayoría esféricos. Y retienen esa forma. Incluso si los investigadores les clavan un cuchillo y provocan así un desgarro, los antrobots se emplean una especie de memoria de forma funcional que les permite autorrepararse de un modo que les permita volver a su forma original.














