El lenguaje no verbal es un componente importante de la comunicación entre seres humanos.

Mientras que en los humanos nuestras expresiones faciales desempeñan un gran papel a la hora de generar confianza, la mayoría de los robots con aspecto humano (androides) son inexpresivos.

Con el creciente uso de robots en lugares en los que robots y humanos deben colaborar estrechamente, desde residencias para ancianos hasta almacenes y fábricas, la necesidad de un robot que no solo tenga aspecto humano sino que además sea receptivo a la expresión de emociones humanas, es cada vez más urgente.

Interesado desde hace tiempo en las interacciones entre robots y humanos, un equipo que incluye, entre otros, a Hod Lipson, Zanwar Faraj y Boyuan Chen, de la Universidad de Columbia en la ciudad estadounidense de Nueva York, lleva cinco años trabajando en la creación y desarrollo de EVA, un nuevo robot de tipo androide y autónomo con un rostro blando y expresivo que es sensible a las expresiones faciales de los humanos que tenga cerca y es capaz de corresponder a ellas.

Aunque parezca sencillo, lograr que la cara de un robot resulte convincente y adopte expresiones faciales que se vean tan naturales como las de una persona ha sido un reto formidable para los robotistas. Durante décadas, las partes del cuerpo de los robots han sido de metal o plástico duro, materiales demasiado rígidos para tener la flexibilidad que exige emular al rostro humano.