Un enorme cuenco transitable. Esa fue la ilustradora idea que debía dar origen al Monumento a la Unidad en Berlín. Cuando la gente lo pisara, se balancearía en una dirección: en la dirección hacia donde fuese la mayoría. El Bundestag alemán decidió construirlo hace 17 años, para conmemorar la protesta pacífica de los ciudadanos de la RDA, que condujo a la caída del Muro de Berlín y más tarde a la unidad alemana. Pero, 35 años después de la reunificación, el monumento sigue sin terminarse. Tras bastidores, una disputa lo pone en peligro.

Los implicados son dos ministerios, una agencia de Stuttgart y una empresa de construcción con acero de Westfalia. Se trata de dinero, sensibilidades personales y un tira y afloja legal. «La ministra de Cultura, Claudia Roth, y su cartera están trabajando (…) con gran esfuerzo para implementar las resoluciones del Bundestag sobre la construcción del Monumento a la Libertad y la Unidad y para encontrar soluciones viables», respondió a DW una portavoz de la política verde. Su comunicado da una idea de lo complicada que es la situación.