El observatorio XMM-Newton de la ESA ha observado en el centro de nuestra galaxia dos gigantescas “chimeneas” que expulsan material desde las inmediaciones del agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, formando sendas burbujas cósmicas de un tamaño colosal.
Estas burbujas fueron descubiertas en 2010 por el telescopio espacial de rayos gamma Fermi de la NASA: una se extiende por encima del plano de la Vía Láctea, mientras que la otra lo hace por debajo, dando lugar a una enorme figura de reloj de arena de unos 50.000 años luz, casi la mitad del diámetro de la galaxia. Podría decirse que el material es escupido desde las regiones centrales de nuestra Vía Láctea donde se encuentra Sagitario A*, su agujero negro.
Ahora, XMM-Newton ha descubierto dos canales de material caliente y emisor de rayos X con origen en Sagitario A*, relacionando así de forma definitiva las inmediaciones del agujero negro y las burbujas.
“Sabemos que los vientos y las proyecciones de material y energía que expulsa una galaxia son responsables de esculpir y alterar la forma de dicha galaxia a lo largo del tiempo. Se trata de actores fundamentales en la formación y evolución de las galaxias y otras estructuras en el cosmos”, señala el autor principal del estudio, Gabriele Ponti, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) de Garching (Alemania) y del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia.
“Por suerte, nuestra galaxia nos ofrece un laboratorio en el que explorar estos fenómenos al detalle y estudiar cómo el material sale al espacio a nuestro alrededor. Gracias a los datos recopilados por XMM-Newton entre 2016 y 2018, hemos elaborado el mapa de rayos X más amplio jamás realizado del centro de la Vía Láctea”.
Este mapa ha revelado largos canales de gas supercaliente que se prolongan cientos de años luz, por encima y por debajo del plano de la Vía Láctea.
Los científicos creen que estos canales funcionan como tubos de escape a través de los cuales se transporta energía y masa desde el centro de la galaxia hacia la base de las burbujas, rellenándolas con material nuevo.
Este hallazgo explica cómo la actividad, presente y pasada, en el núcleo de nuestra galaxia anfitriona se relaciona con la existencia de estructuras de gran tamaño a su alrededor.














