Unos zapatos rotos hicieron que Zacarías Ferreira no siguiera las huellas de la música sinfónica y tomara un camino diferente, el de la bachata. Ese día de los años 90, el entonces estudiante del Conservatorio Nacional de Música, en Santo Domingo, iba llegando al centro de estudios cuando ve a un señor caminar junto a su niño, con un violín y otro instrumento de metal.

“Cuando le miro los pies le veo los zapatos rotos, al calzado del hombre se le veía el abierto”, recordó Zacarías en su reciente visita a Listín Diario.

Al verlo llegar, los demás músicos le dicen: – maestro, venga para ayudarl