Han pasado muchos años desde que Wilkins irrumpía en el mercado con un estilo innovador que fraccionaban los esquemas establecidos de un gran baladista.

Se vivían los años 80 y el artista puertorriqueño logró que sus baladas se convirtieran en canciones movidas y llenas de ritmo.

Con una imagen ultra moderna, pelo largo rizado, pantalones ceñidos al cuerpo y un sexappeal que sacaba las emociones escondidas de sus admiradoras.