Un nuevo estudio centrado en Encélado, una luna de Saturno que expulsa agua de su océano subterráneo al espacio a través de grietas en su superficie helada, muestra que la física de los océanos extraterrestres podría impedir que las evidencias de vida procedentes de aguas profundas lleguen a lugares donde puedan ser detectadas, como por ejemplo la superficie o cerca de ella.
El estudio es obra de un equipo encabezado por Flynn Ames, de la Universidad de Reading en el Reino Unido.
Ames y sus colegas han mostrado cómo el océano de Encélado forma capas distintivas que ralentizan drásticamente el movimiento de material desde el fondo oceánico hasta la superficie.
Los rastros bioquímicos delatadores de vida podrían descomponerse o transformarse al viajar a través de las distintas capas del océano. Estas señales de vida podrían volverse irreconocibles al llegar a la superficie, donde las naves espaciales pueden recogerlas con relativa facilidad.
«Imaginen intentar detectar vida en las profundidades de los océanos de la Tierra tomando muestras únicamente de agua de la superficie», plantea Ames. «Del mismo tipo es el desafío al que deberemos enfrentarnos en Encélado, excepto que también deberemos lidiar con un océano cuya física no comprendemos del todo».
Todo apunta a que el océano de Encélado se comporta como lo hacen el aceite y el agua en un frasco, o sea con capas que se resisten a la mezcla vertical. Estas barreras naturales podrían atrapar partículas y rastros químicos de vida en las profundidades durante cientos o incluso miles de años.














