“El día que entré a mi casa, que volví con mi familia después de ocho años de encierro y de pasar tanto trabajo, sentí en carne propia el desprecio, la duda y la amargura que me mostraron algunos seres queridos que no sabían del credo ni la mitad”.
Así comienza relatando su experiencia quien no sabe qué le ha hecho más daño, si el haber sido víctima de explotación sexual o ser “acusada” de sinvergüenza por la gente que ama y que pensó que nunca volvería a ver.
Para justificar este dolor que “llevo en el pecho”, como ella tantas veces dijo durante la entrevista: “He tenido que ponerme en su lugar, he tratado de comprenderlos, aunque a quien se debió comprender es a mí. No se imagina usted lo fuerte que es regresar con tu familia y escuchar comentarios: ‘yo juraba que tú estabas muerta’, ‘aquí el que se pierde no aparece, tú apareciste porque estabas c














