Durante años, el verano ha figurado entre las fechas prohibidas para someterse a una micropigmentación. La exposición al sol, las piscinas o el aumento de la sudoración han alimentado la idea de que estos tratamientos debían esperar al otoño. La evolución de las técnicas, la mejora de los pigmentos y de los equipos, junto con unos cuidados posteriores adecuados, han cambiado ese escenario.
Actualmente, esta técnica se utiliza para definir las cejas pelo a pelo, intensificar el borde de los labios, delinear los ojos o reconstruir la areola mamaria tras una cirugía, entre otras aplicaciones estéticas y reparadoras.














