“Volvamos a esos días felices en los que había héroes”. La desaparecida actriz norteamericana Bette Davis (1908- 1989) jamás imaginó que su célebre frase encajaría a la perfección en la imperiosa necesidad de los fanáticos del béisbol a quienes sorprende otra vez el grito de “¡play ball!” sin un ídolo que les obligue a asistir al estadio.
Sábado 13 de octubre, día inaugural, podría ser una fecha de suerte.
Los estadios de pelota aun son un imán social con los choques de algunos ‘rivales’ históricos, pero a juicio de muchos técnicos, expertos y gente de los “bleachers”, abriendo el torneo 65 el béisbol profesional de hoy es un simple ‘laboratorio’, donde se prueban prospectos y veteranos que buscan mejorar sus salarios en otros grandes shows beisboleros en los Estados Unidos y Asia.
“No te voy hablar de La Normal, pero ahí, en el Quisqueya se jugaba domingo en la tarde, y los duelos que se veían ahí entre (Juan) Marichal y Guayubín (Olivo), o con Chichí, en esa guerra de Licey y Escogido, ¡mira muchacho tu ta’ loco…”, recuerda Frank Paredes (Minguín), un fanático de más de 50 años del béisbol; “todavía en los años setentas Pedro Borbón llegaba al aeropuerto y lo traían con todo y maletas, directo para el play y pitcheaba para los Tigres y eso era un escándalo, se llenaba el play para ver su bola lenta, esos lanzamientos en cambio no los bateaba ni el diablo”.
Esa chispa que levantaban los héroes de la “pelota” de entonces jamás podría compararse con el ambiente de hoy día, dice Paredes: “el play es más moderno, pero las cosas son muy caras, hay que venir solo, porque si trae dos amigos deja lo que te ganas en un juego; los peloteros calientes los mandan a parar o se van hasta para México a buscársela… Los japoneses vienen y se los llevan de ahí mismo, le dan cinco veces que los chelitos que les pagan aquí ¿y que hacen? ¡Se van… y yo lo haría también!”.
Diloné, el más sensacional
Una de las figuras que agitó la emoción de los fanáticos hasta elevarla al más alto nivel fue el aguilucho Miguel Diloné (Guelo), quien en su carrera de 19 temporadas impuso su ritmo ‘hiteador’ y su corrida de robos de bases permanente, provocando los gritos de sus contrarios y los alaridos de sus seguidores amarillos.
“El representa una época del béisbol, si alguien me ha sacado lágrimas de mis ojos por una derrota, ese se llama Miguel Diloné, en nuestro béisbol ha sido el mejor.
Es el único hombre que obligaba a los fanáticos del equipo contrario -si llegábamos un inning tarde al play- a preguntar ¿qué hizo Diloné en el primer turno? Porque daba el hit, tocaba o cogía su base por bolas y anotaba robando; es lo más grande como jugador que he visto en nuestro béisbol”, testimonia Tony Grullón, un escudriñador e investigador de temas de béisbol.
Grullón destaca también la calidad extravagante de Manuel Mota, “El Gallo” Batista, Mateo Alou y el poder descomunal de Winston –El Chilote- Llenas y Rico Carty.
“Eran otros años del béisbol, estos tipos fueron jugadores franquicia, peleaban por ponerse esa camiseta de sus equipos, verdaderos ídolos de multitudes, peloteros taquilleros.
Guayubín era el buque insignia del Licey, tuvo una época de oro en los años 50, era la superestrella del Licey, y quien le quitó el liderazgo entre los fanáticos fue Manuel Mota, quien pasó del Escogido al Licey y se convirtió en la sensación; Guayubín y Alonzo Perry eran caras de la misma moneda en el equipo Azul. También Pedro González, el gran capitán, era venerado por los fanáticos”, destaca el hombre de béisbol. “El gran Guelo Diloné heredó el reinado de Chilote Llenas que era un ídolo de nuestra pelota. Julián Javier fue muy atractivo con las Águilas.














