En el presente artículo académico se argumenta la necesidad de analizar de forma conjunta la emigración, inmigración y migración interna como movimientos poblaciones complementarios en el marco de un macrosistema migratorio dominicano.

El objetivo ha sido identificar los cambios en el sistema migratorio dominicano ocurridos durante el siglo XX relacionando la emigración dominicana a Estados Unidos, la inmigración haitiana a República Dominicana y la migración interna rural-urbana desde el enfoque de sistema migratorio. Se identifican cinco periodos importantes en el sistema migratorio dominicano durante esos años: dos inmigratorios, dos emigratorios y uno interno. En adición, se plantea que en el nuevo milenio el sistema migratorio dominicano se encuentra en un momento de reconfiguración, posiblemente dando paso a un nuevo sistema.

La inmigración haitiana a la República Dominicana, la emigración dominicana a los Estados Unidos y la migración interna rural-urbana del siglo XX fueron flujos interrelacionados entre sí y conectados a eventos políticos, económicos y sociales en los tres países (Haití, Estados Unidos y República Dominicana) que se articulan en torno a una estructura económico-política global. Estos eventos conforman el macrosistema migratorio dominicano.

Existen dos períodos relativos a la inmigración haitiana. El primero está marcado por la inmigración en forma de contingentes de trabajadores para la industria azucarera. El segundo destaca por la inmigración independiente, inserta en otros cultivos y, sobre todo, en sectores de la economía urbana, como construcción, comercio y trabajo doméstico.

El período centrado en la migración interna alude al movimiento de campesinos a las grandes ciudades —y en especial a Santo Domingo— debido al proceso de industrialización que promovió la política económica trujillista y la urbanización que esta trajo consigo.

Los dos períodos relacionados con la emigración dominicana son concernientes a una primera ola como secuela de la caída de la dictadura de Trujillo y la apertura de la política migratoria estadounidense, así como dos olas subsiguientes producidas por la liberalización económica y la presión urbana en el país.

República Dominicana es un país semiperiférico que debido a presiones del capitalismo global recibió mano de obra desde la periferia (Haití) y envió mano de obra al centro (Estados Unidos). De esta forma, en la última mitad del siglo XX se convirtió en un país de emigración neta con orientación eminentemente económica-laboral.

En el nuevo milenio, el escenario migratorio apunta a una posible transición hacia un nuevo sistema. Los cambios son notorios en las tendencias inmigratorias (diversificación de orígenes nacionales, como la venezolana, multiplicidad de razones extraeconómicas y nuevas dinámicas laborales) y emigratorias (diversificación de destinos —aunque todavía predomina Estados Unidos—, migración regular e integración de la diáspora). La migración interna sigue el mismo patrón del siglo pasado sin presentar cambios significativos.