En un rincón del Centro Olímpico, desde las primeras horas de la madrugada, se lleva a cabo una obra de amor y dedicación que ha transformado vidas durante casi 22 años. El doctor José Antonio Frómeta, un hombre de corazón sensible y profundamente apasionado de lo que hace, ha establecido un gimnasio ambulante sumergido en agua, donde practica la hidroterapia o terapia acuática.
Sin importar el estatus social o económico de sus pacientes, el experto dedica su vida a aliviar el dolor y mejorar la movilidad de aquellos que buscan su ayuda. El médico conoce a cada uno de sus pacientes por sus necesidades específicas y utiliza ejercicios y materiales adaptados a sus condiciones.
“En el Olímpico, si llegas con un problema cervical, trabajamos la cadera, dorsales, en fin, tenemos 10 tipos de ejercicios enfocados para todo el cuerpo,” explica con una sonrisa. Entre sus herramientas se encuentran chorros de espuma y pesas, que emplea para realizar ejercicios en el agua.














