A lo largo de los años, los grupos corales dominicanos se han convertido en un referente de espiritualidad y unificación social.
A pesar de que desde sus inicios han tenido presentaciones ocultas, y muchas de ellas se han refugiado en la comunidad religiosa como un símbolo de elevar sus plegarías mediante voces unánimes, los coros se mantienen vigentes en los escenarios.
Sus labores son mayormente de carácter comunitario, de difusión en su empresa, ya sea gubernamental, civil o privada, con un alcance limitado por el poco apoyo que reciben para poder promover sus agrupaciones.
Entre las más conocidas están el Coro Nacional de la República, el Coro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el Coro de la Catedral de la Primada de América, el Coro Arpa Evangélica, el Coro Dominico Americano y el más reciente en formarse, el Coro Nacional de Niños Dominicanos.
La sociedad ve los coros como cartas de presentación de una institución, más que como instrumento de unificación social.
“Si fuéramos a medir o buscar el beneficio de la musical coral, debe buscarse los efectos de unidad social que ella provoca, el desarrollo comunitario, de vivir en paz, de reconocer el valor del otro, y aportarle con el talento de forma mancomunada con el único beneficio de la satisfacción de haberlo hecho lo mejor posible, recibiendo como respuesta el aplauso”, expuso Ángel Herdz, director coral.
Por otra parte, Luis Antonio De la Cruz (Richard), uno de los directores de la Agrupación Coral Arpa, dijo que la gracia de la música radica en la transformación del cantante, al convertirse en un ser más íntegro y menos agresivo, además, de un mejor ciudadano.
“Los que cantan en coros son los que menos cometen delitos. La música coral sensibiliza al humano, lo hace sencillo y saca de él lo espiritual”, comentó.
Para Viterbo Peña, director de la Coral Mixta Domínico- Americano, uno de los valores fundamentales que posee el canto coral es su capacidad inclusiva.
“El hecho de cantar en una agrupación coral desarrolla un modelo educativo inclusivo de forma inherente, como afirma el maestro, la música es un instrumento irremplazable para unir a las personas”, agregó Peña.
Además de eso, resaltó que la espiritualidad y el bienestar en relación con la experiencia de hacer música: la transcendencia, la conexión y el flujo de emociones y sentimientos al unísono.
“Tenemos los beneficios disciplinarios, aprendemos a respetar el tiempo, las obligaciones y el derecho de los demás”, puntualizó.
Andrés Capellán, director del coro de la Catedral, indicó que a pesar de que la obra que dirige es de índole religiosa, tiene como objetivo retirar a muchos jóvene














