En 2016, Donald Trump sorprendió por primera vez a los expertos políticos y encuestadores al vencer a Hillary Clinton y convertirse en presidente de los Estados Unidos. Eso provocó una reacción cultural. Muchos artistas deHollywoodconvirtieron sus herramientas creativas en armas de resistencia para atacar a Trump y su visión del mundo.
Alec Baldwin interpretó a Trump como presidente en el programa de televisión «Saturday Night Live» y ganó un Emmy por ello. Otro Emmy fue para «The Handmaid’s Tale” («El cuento de la criada”), una adaptación televisiva de la novela de Margaret Atwood del mismo nombre sobre una dictadura distópica de Estados Unidos, ejercida por la extrema derecha cristiana, una historia que de repente se sintió aterradoramente premonitoria.
También se exhibieron obras críticas sobre Trump de artistas mujeres con títulos como «Uprise / Angry Women” («Rebelión / Mujeres enfadadas”. Trad. de la Red.) y «One Year of Resistance” («Un año de resistencia»). El arte parecía alimentarse de los movimientos políticos progresistas de la época, y a su vez alimentarlos, en particular, #MeToo y #BlackLivesMatter.
Pero esta vez todo eso podría ser diferente.
La victoria de Trump sobre Kamala Harris fue contundente. En el colegio electoral obtuvo todos los estados indecisos, y triunfó incluso con mayoría del voto popular, siendo el primer candidato republicano en lograrlo desde George W. Bush, en 2004, por lo cual cualquier crítica a él y a sus votantes, sería como condenar todo el concepto de democracia estadounidense.














