Un regalo, para Mayo fabricar el futuro no es un trabajo, es un privilegio. La otrora estrella del balón suave y de la malla, de los años sesentas y setentas y hoy entrenadora de base del programa de valores del voleibol, solo aportó de su vientre a Edgar y a Xiomara en un matrimonio de 51 años con el inmortal Gioriver Arias, pero su pasión de enseñar convierte en “hijas legítimas” a sus hechuras con sudor, pitadas y remates.
Durante una década ella hace cada tarde su rutina mas feliz al salir de su hogar hacia el pabellón de voleibol del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, donde por su mente pasan las históricas guerras por el gallardete femenino distrital entre su club Mirador contra el Bameso y otros sextetos de la época dorada de este deporte; pero solo son recuerdos centelleantes, porque la realidad le sabe dulce y promete brillantez.
“Tengo un grupo de 30 niñas -las divido en dos grupos- durante tres horas y medio de lunes a viernes vienen acá a trabajar fuerte los fundamentos del voleibol, pero también se refuerza las enseñanzas de la casa, de la escuela, trabajamos para formar mejores personas, gente de futuro que respeten a sus padres, las leyes, a la naturaleza y a su patria. Yo se lo digo claro, quien no respeta a su papá y a su mamá no puede estar aquí”, detalla la misión.
La confidente
Mayo siente que ellas, las 30, “me quieren”, lo cree porque siempre desean trabajar a su lado aun cuando saben que es muy rígida con los entrenamientos.
“A veces no es tan rápido, pero ellas se van acercando, cogen confianza conmigo y comienzan a fluir los problemas que los padres no pueden resolver: se enamoran y tengo que decirles por que no pueden tener novios ahora, por que tienen que seguir estudiando y jugando y esperar algunos años para esas cosas, aparte de enseñar voleibol les enseñamos a ser niñas, a parte de los consejos hay que reforzarles la higiene, casi todas en los primeros meses tienen ese problema y es una de las partes mas difícil con la que tenemos que lidiar.
“Reitero, tenemos que formarlas como niñas, hay que fajarse con ellas para que entiendan el por que de las cosas, para que no se dejen engañar por nadie, no se dejen abusar. “Hay otras, que vienen con los problemas familiares arriba y tenemos que hablar con los padres. También hay niñas que llegan al programa con extrañas costumbres, con descuido de sus tutores y todo sale aquí, pero con mucho respeto y amor tratamos de hacer el trabajo. Aquí no se discute, no se pelea porque somos un equipo. Se trabaja, se mejora”, recuenta Mayo.
Banca de padres
Cada tarde el pabellón recibe a más de un centenar de niñas, como Mayo, hay otros entrenadores dirigiendo grupos que proyectan al voleibol femenino dominicano como una industria con un producto de calidad inagotable.
A pesar de la parte formativa que se predica entre los instructores muchos de los padres de la camada dan gracias al programa, pero también ellos participan desde la “banca”.
“Cada día también hay muchos padres ahí en esos bancos, viendo sus hijas jugar y como se les forma y nosotros nos sentimos felices de que ellos estén ahí, que se integren y vean todo el proceso.
Las chicas inician con edades entre 12 y 14 años en la categoría “pre-infantil”, aprenden a jugar, ensayan las reglas del voleibol y con el tiempo aplican la técnica con espontaneidad.
Gran ventaja
La “industria” del voleibol nunca deja perdida, muchas de las jóvenes hasta de 12 años que entran al programa lograr mejorar sus físicos, aprenden la base del juego con los menos defectos posible lo que les permite jugar voleibol a otros niveles.
“Lo que he vivido, lo que he aprendido, yo quisiera transmitírselo a las niñas, técnicamente es un hincapié para que aprendan las cosas bien porque este es un nivel formativo,
Aun cuando muchas de estas jóvenes no pueden formar parte de una selección nacional, con su aprendizaje generalmente son becadas por colegios y universidades, ahorrándole dinero a sus padres e incluso, hay casos de jóvenes que tienen visados o residencia en otro país y se le ve jugando en eventos y universidades extranjeras con mucho éxito.
Eslabón de selección
“De aquí ellas pasan a la selección infantil, estas niñas son para ahora, este año 2017 cuando las que conforman el colectivo infantil regresen del Campeonato Mundial, entonces ellas pasan a ocupar esos lugares, las que tengan las condiciones. Las infantiles entonces se convierten en juveniles y así continúa la cadena hasta convertirse en una estrella del seleccionado de mayores”, sostiene la maestra.
Cada dos años el grupo debe cambiar, el presente entró en el 2015 y se rotará a otro nivel a la llegada de su ciclo en este 2017, y Mayo a sus 72 se llena de combustible para recibir otra vez a 30 nuevas hijas.














