Hoy día todos nos creemos marca personal, nada más lejos de la realidad. No es cierto que todos somos marcas, hay una serie de entrenadores que quiere hacernos creer que todos tenemos una marca personal, cuando en verdad, para ser nominado como tal, se requiere pasar por un proceso genuino de inmersión y distinción y, para lograrlo no basta el deseo que tengamos por serlo.

Hay que tener una coherencia y desarrollar acciones que logren ser valoradas por el mercado, pues una marca influye, ofrece una solución fácil de identificar, se diferencia de su categoría con valores únicos, pero sobre todo, atiende a dos llamados muy especiales:

Relevancia. No es tan simple como sobresalir. Se logra realmente cuando te identificas con la necesidad y dolor de una audiencia ofreciendo una solución que para estos sea conveniente, deseada y valorada.

La relevancia nos llama a hacer un trabajo genuino por entender las necesidades e intereses de nuestros usuarios o posibles clientes y proveerle soluciones que estos identifiquen como innovadoras y diferentes, atrayendo su atención e intención de compra, o conectividad. Si esto no sucede podemos ser olvidados fácilmente en nuestros mercados y una marca sin recordación no tiene sentido. La relevancia es la capacidad de ganar la atención del otro y sostenerla en un intercambio de valor constante.