Discurriendo por la resbaladiza frontera entre los robots enriquecidos con material biológico y los cíborgs, la labor de diversos equipos de científicos en el mundo avanza más rápidamente de lo que lo hacen los juicios morales y la legislación.

 

El equipo de Zhiqiang Yu, del Instituto Tecnológico de Pekín en China, ha completado una revisión de resultados de estudios sobre el uso de redes neurales biológicas creadas in vitro para su uso en robots y otros sistemas artificiales.

 

Yu y sus colegas repasaron los fundamentos de la inteligencia en redes neurales biológicas in vitro, como la memoria y el aprendizaje; de qué manera estas redes neurales biológicas pueden instalarse en robots mediante conexión bidireccional, formando los llamados sistemas neurorrobóticos basados en redes neurales biológicas; qué comportamientos inteligentes preliminares exhiben estos sistemas neurorrobóticos; y qué tendencias actuales y retos futuros afrontan los sistemas neurorrobóticos basados en redes neurales biológicas.

 

Nuestro cerebro humano es una compleja red neural biológica compuesta por miles de millones de neuronas, que da origen no solo a nuestra inteligencia sino también a nuestra consciencia. Sin embargo, estudiar el cerebro en su conjunto es extremadamente difícil debido a su intrincada naturaleza. Cultivando una parte de las células cerebrales en una caja de Petri, se pueden formar redes neurales biológicas más sencillas, como los minicerebros (organoides de cerebro), que permiten observar e investigar redes de esta clase con mayor facilidad. Estos minicerebros podrían aportar valiosas pistas sobre los enigmáticos orígenes de la conciencia y la inteligencia naturales, tal como argumenta Yu.

 

Curiosamente, los minicerebros no solo son similares en estructura a los cerebros humanos, sino que también pueden aprender y memorizar información de forma parecida, tal como destaca Yu. En concreto, estas redes neurales biológicas creadas in vitro comparten la misma estructura básica que las redes neurales biológicas formadas de manera normal en el marco del desarrollo natural de seres vivos. En ambos casos, las neuronas están conectadas mediante sinapsis y exhiben memoria a corto plazo. Además, estos minicerebros pueden realizar un aprendizaje supervisado y ser entrenados para responder a señales de estímulos específicos. Recientemente, se ha demostrado que las redes neurales biológicas creadas in vitro pueden incluso realizar tareas de aprendizaje no supervisado, incluyendo separar señales que llegan mezcladas.

 

Estas habilidades de las redes neurales biológicas creadas in vitro son bastante intrigantes. Sin embargo, no basta con cultivar un minicerebro de este tipo para que surjan la consciencia y la inteligencia. Nuestro cerebro depende de nuestro cuerpo para percibir, comprender y adaptarse al mundo exterior, y del mismo modo, estos minicerebros necesitan un cuerpo para interactuar con su entorno. Un robot es un candidato ideal para este fin, lo que ha dado lugar a un floreciente campo interdisciplinar en la intersección de la neurociencia y la robótica: el de los sistemas neurorrobóticos basados en redes neurales biológicas.

 

Una conclusión clara, tal como señalan los autores de la revisión de resultados de estudios, es que una conexión bidireccional estable es un requisito previo para estos sistemas.