Los robots han conseguido un alto grado de movilidad desplazándose por la superficie terrestre, sobre y bajo el agua, en el aire y en el espacio. Sin embargo, es muy poco el progreso que han conseguido avanzando por el subsuelo, o sea excavando y desplazándose a través de la tierra o la arena.

 

Hay animales, como por ejemplo lombrices, topos y algunos crustáceos, que pasan buena parte de su tiempo bajo tierra y que avanzan a través de ella excavando. Unos científicos se han inspirado en uno de estos animales para crear un pequeño robot que, esencialmente, hace lo mismo.

 

El equipo de Laura Treers y Hannah Stuart, de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, se ha inspirado en el crustáceo de la especie Emerita analoga para crear y probar uno de los primeros robots con patas que puede autoenterrarse verticalmente. Este robot excavador, llamado EMBUR (EMerita BUrrowing Robot), se sirve de un novedoso diseño de patas para conseguir un movimiento descendente que emula la forma en que ese crustáceo se entierra en la arena de la playa.

 

Avanzar en vertical hundiéndose en un terreno, aunque sea de arena suelta, es difícil. Cuanto más profundo excava un animal (o un robot), más fuerza ejercen los granos, dificultando cada vez más la excavación.

 

Para superar este reto, los investigadores diseñaron las patas del robot de tal modo que experimentaran una fuerza mucho mayor en una dirección que en otra. Al igual que un nadador, las patas de este robot se expanden para ejercer grandes fuerzas durante la brazada de avance, pero se pliegan y retraen durante la brazada de retorno.