Aunque no formaban parte de las actividades económicas formalmente reconocidas, las guerras podían ser un importante mecanismo para incrementar el nivel de vida de los combatientes victoriosos. Sucedía así en diferentes contextos, fuesen éstos los conflictos entre tribus, ciudades o países, según la época en que ocurrieron. El lado triunfador se apropiaba de recursos pertenecientes al otro bando, incluyendo en muchos casos a su fuerza laboral.

De hecho, numerosos conflictos tuvieron una motivación económica, guiados por la meta de conquistar territorios, subyugar poblaciones y conseguir riquezas.