Los perros son los animales más utilizados para ciertas terapias psicológicas debido a la relativa facilidad con la que se les puede adiestrar y a su conducta por regla general sociable con los humanos. Sin embargo, existe la preocupación de utilizarlos con niños propensos a sufrir alergias o por el peligro de que les transmitan enfermedades a estos. Aparte de todo esto, a algunas personas no les gustan los perros, por lo que es posible que no se sientan cómodos en presencia de un perro de terapia.

 

Por otro lado, hay que tener en cuenta también el bienestar del perro de terapia. Las visitas pueden ser estresantes e increíblemente agotadoras para los perros de terapia, lo que justifica, en opinión de Olivia Barber, de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido y propietaria de un perro de terapia, la conveniencia de explorar si es factible utilizar un animal robótico en vez de un perro real.

 

Y ese ha sido el objetivo de una investigación realizada por un equipo encabezado por Barber. En ella, se usaron perros reales y un robot biomimético (un robot que imita el comportamiento animal y tiene cierta apariencia de animal) en una escuela británica para interactuar con 34 niños de entre 11 y 12 años de edad. Concretamente, el robot probado en el estudio es del modelo MiRo-E.

 

Los robots biomiméticos pueden ser increíblemente realistas, reproduciendo los movimientos y el comportamiento de un animal real, como mover la cola para mostrar excitación, expresar «emociones» a través de los sonidos y el color, girar las orejas hacia los sonidos e incluso ponerse a dormir.