Las baterías de litio-aire, también conocidas como baterías de litio-oxígeno, son candidatas a convertirse en la próxima generación de dispositivos de almacenamiento de electricidad de alta energía. Su capacidad teórica de almacenamiento de energía es diez veces superior a la de las baterías convencionales de iones de litio a igual peso, pero aún no son químicamente lo bastante estables para constituir una alternativa fiable.
Unos científicos están ahora rediseñando la tecnología para las baterías de esta clase a fin de alargar de manera sustancial su vida útil.
La labor se realiza en el marco de un proyecto en el que participan la Universidad de Oldemburgo, el Instituto Fraunhofer para la Tecnología de Fabricación y los Materiales Avanzados (IFAM), la Universidad de Münster y la empresa IOLITEC (Ionic Liquids Technologies), todas estas entidades en Alemania.
Las baterías de litio-aire funcionan básicamente igual que las baterías convencionales, pero en este tipo de baterías se utiliza la reacción de los iones de litio con el oxígeno del aire en el electrodo positivo para generar electricidad.
Concretamente, en las baterías de litio-aire, uno de los electrodos está hecho de litio metálico mientras que el otro, llamado electrodo de difusión de gas, consiste en una red porosa y un material conductor donde el oxígeno (O2) del aire toma parte en una reacción de oxidación-reducción. Cuando la batería se descarga, los iones de litio cargados positivamente se desplazan a través del electrolito desde un electrodo hasta el electrodo de difusión de gas, donde se combinan con el oxígeno y los electrones de un circuito eléctrico externo para formar óxido de litio. Esto genera una corriente eléctrica que puede utilizarse para proporcionar energía a los dispositivos eléctricos. Durante la recarga, el litio y el oxígeno vuelven a separarse y los iones y electrones viajan en sentido contrario.














