Las conclusiones del VII Congreso de MUJERCOOP establecen que el país está en el deber de lograr inclusión y equidad, en lugar de aspirar a una igualdad entre desiguales, indicando que el cooperativismo es alternativa de democracia, equidad, participación y solidaridad.
Servicio de Prensa
PUNTA CANA. Publicado justo el Día Internacional de la Mujer, el documento de conclusiones del VII Congreso Dominicano de MUJERCOOP expone en detalle las aspiraciones de equidad y justicia para todas las mujeres, en un documento dado a conocer en la fecha.
Entre las reivindicaciones que plantean las asistentes al evento (144 mujeres representantes de 40 cooperativas nacionales y delegaciones de Puerto Rico, Cuba, El Salvador y otros países) figura la exigencia de equidad e inclusión, superando el postulado simple de igualdad, en especial cuando esta premisa se aplica entre seres con desigualdad de condiciones, como es el caso de hombres y mujeres, en particular por el tratamiento social y salarial.
Otras demandas que plantea el documento son el reenfoque de la formación y la educación, que deben ser entendidas y practicadas como un derecho que transforma vidas, familias y comunidades.
«Es imprescindible desmontar el esquema que contrapone hombre-mujer. Siendo el cooperativismo un modelo de ser humano, debe haber equidad. Eliminar de la mente la práctica de desagregar y clasificar por género y hacerlo por necesidades y condiciones específicas de las personas», afirma el documento. El documento completo está publicado en el medio web de CONACOOP: www.elcooperadordigital.com.
Indica que es la sociedad en su conjunto la que se beneficia cuando la participación de las mujeres es plena, lo cual —entiende— fortalece la gobernanza, la sostenibilidad y la innovación en las cooperativas y en el resto del cuerpo social.
Recuerdan las conclusiones que, cuando se generan oportunidades reales de formación, liderazgo y acceso a recursos, las mujeres transforman positivamente las organizaciones y sus comunidades.
«El desafío hacia el futuro es profundizar la institucionalización de la igualdad, ampliar la participación en los espacios de decisión y consolidar una cultura cooperativa inclusiva», dice el texto.
Establece el documento que el liderazgo y el potencial femenino no pueden ser una cuota numérica en la proporción de puestos de trabajo o de mando en instituciones públicas o privadas, porque se corre el riesgo de consagrar la desigualdad por la vía de la diferencia salarial ante el mismo trabajo desarrollado por hombres y mujeres.
Dice que hay que pasar de la visión cuantitativa sobre el número de mujeres trabajando para auspiciar una sociedad en la cual ellas diseñen políticas públicas inclusivas e innoven modelos económicos, tecnológicos y digitales, de forma que se transformen el trabajo y la cooperación en desarrollo sostenible.














