Los planetas sin estrella, llamados también planetas errantes, son nómadas cósmicos, viajando por el espacio sin estar en órbita a estrella o cadáver de estrella alguno, sin más atadura gravitacional que la de su galaxia o cúmulo estelar. La masa de estos objetos es menor que la de las enanas marrones, lo que les sitúa en la categoría de planetas. Debido a ello, se les llama planetas. Pero al no estar en órbita a una estrella o cadáver de estrella, técnicamente pueden ser considerados como otra cosa.
Los planetas sin estrella son avistados a menudo en cúmulos estelares jóvenes como el cúmulo del Trapecio en la constelación de Orión. Aunque su existencia está bien documentada, su origen ha desconcertado a la ciencia durante mucho tiempo. Teorías anteriores proponían que los planetas sin estrella podían ser estrellas fallidas o planetas expulsados de sus sistemas solares. Sin embargo, estos orígenes no logran explicar la gran cantidad de planetas sin estrella, sus frecuentes agrupaciones en parejas y su movimiento sincronizado con las estrellas dentro de los cúmulos estelares.
Un nuevo y revolucionario estudio aporta ahora la que parece ser la explicación definitiva al origen de los planetas sin estrella.
El estudio es obra de un equipo internacional integrado, entre otros, por Zhihao Fu, de la Universidad de Hong Kong en China, y Hongping Deng, del Observatorio Astronómico de Shanghái, dependiente de la Academia China de Ciencias.
Los autores del estudio han llegado a la conclusión de que los planetas sin estrella se forman directamente a través de violentas interacciones entre discos circunestelares en cúmulos estelares jóvenes. Un disco circunestelar es un anillo giratorio de gas y polvo en torno a una estrella joven.














