Hay ciudades que no duran más de uno o dos siglos, o incluso menos. Otras sobrepasan los mil años y en algunos casos siguen existiendo y en pleno esplendor hoy en día. ¿Qué diferencias determinan que unas perduren y otras no? ¿Son diferencias exclusivamente ambientales?
Para examinar la sostenibilidad de una ciudad en el pasado, la mayoría de las investigaciones se basan en buscar correlaciones entre desastres climáticos o medioambientales concretos y la conducta de la población cuando tales desastres ocurren. Este enfoque tiene su lógica, pero muchas veces es difícil saber si la cronología es fiable. Esos estudios suelen hacer hincapié en la correlación entre crisis medioambiental y colapso social, sin tener en cuenta cómo otras ciudades superaron con éxito los mismos retos medioambientales y continuaron siendo importantes centros de población.
Por otra parte, a menudo no quedan registros históricos claros que expliquen el motivo de que una ciudad se despueble y otra se mantenga poblada. Debido a ello, los arqueólogos deben obtener indicios a partir de los restos de las ciudades y buscar patrones que ayuden a explicar por qué ciertos lugares conservaron su importancia durante más tiempo que otros.
En un nuevo estudio, el equipo de Gary Feinman, conservador de antropología en el Museo Field de Chicago en Estados Unidos, examinó 24 antiguas ciudades en lo que hoy es México y descubrió que las ciudades que duraron más tiempo mostraban indicios de formas colectivas de gobierno, inversiones en infraestructuras y cooperación entre hogares.














