¿Podría la ketamina, una molécula con una controvertida reputación, ayudar a algunos pacientes con depresión? Algunas investigaciones lo confirman, pero los expertos se mantienen cautelosos ante el desafío de los efectos secundarios.
Las investigaciones positivas se acumulan, especialmente cuando ningún otro tratamiento funciona.
«Tenemos una necesidad urgente de nuevos tratamientos para las depresiones graves y la ketamina es prometedora», resume a la AFP la investigadora australiana Julaine Allan, especializada en salud mental.
La ketamina no es un antidepresivo clásico como los desarrollados desde la década de 1960.
Es, en principio, un anestésico, pero desde hace unos veinte años los psiquiatras la consideran una posible solución contra la depresión.
A diferencia de los antidepresivos habituales, la ketamina actúa de manera rápida, aunque se desconoce exactamente qué meca














