Nutrir el alma es esencial para nuestro bienestar emocional y espiritual. En la búsqueda de la felicidad y la plenitud, actividades que nos proveen alegría de vivir son vitales.

No hay nada comparable a los pequeños placeres que nos conectan con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Mis paseos dominicales por la Ciudad Colonial son un ejemplo perfecto de cómo las simples acciones pueden enriquecer el alma profundamente.

Observar las palomas en el parque Colón, admirar las trinitarias en los balcones de las casas antiguas, y recorrer las históricas calles, todo al compás de canciones que evocan recuerdos y sentimientos, como “Un día de domingo” Gal Costa y Tim Maia, son maneras de conectar con la belleza y la historia a nuestro alrededor.