Las personas con discapacidad tienen derecho a participar en la vida cultural, las actividades recreativas, el esparcimiento y el deporte. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad lo establece de ese modo.
En República Dominicana, en tanto, el artículo 18 de la Ley 5-13 sobre Discapacidad dice que el Estado debe garantizar que las personas con discapacidad participen en las actividades culturales y recreativas en condiciones de igualdad.
A pesar de lo anterior, existen limitaciones para la plena integración de las personas con discapacidad en actividades recreativas y de ocio.
En el caso de las personas con discapacidad auditiva, mientras que en algunos países ya hay experiencias como la creación de restaurantes y bares que toman en cuenta sus necesidades, República Dominicana no dispone de gran variedad de alternativas de ocio para ellas.
La estadounidense Alyssa Shelamer, de la fundación para sordos Manos de Dios, comenta que en el país no hay tantos eventos para personas sordas como en otras naciones.
Para su tiempo de ocio, la mayoría de los jóvenes con discapacidad auditiva recurre a las mismas actividades que sus pares oyentes. Organizan salidas, encuen tros y viajes entre amigos y visitan playas, hoteles, ríos, centros comerciales, parques e ir a comer.
Encuentros informales se dan cada semanalmente en las instalaciones deportivas del Centro Olímpico, en el Distrito Nacional.
También en el Distrito Nacional, la Asociación Nacional de Sordos de la República Dominicana (Ansordo) organizó en septiembre del 2019 la feria ExpoSordo. El evento tuvo lugar en los alrededores del Teatro Nacional, en la Plaza de la Cultura. Fue un día de diversión para personas sordas y oyentes que incluyó bailes, venta de productos elaborados por personas sordas y canciones en lengua de señas dominicanas.
Diferentes campamentos, la mayoría organizados por entidades cristianas, brindan entretenimiento y solaz a niños y adultos con discapacidad auditiva.
La propia Shelamer, que trabaja con varias instituciones dentro de la comunidad sorda de República Dominicana, donde ha residido por más de cuatro años, ha colaborado durante 12 años en el Campamento Manos de Alegría. Este espacio reúne a niños y adolescentes sordos de más de 15 provincias con el propósito de enseñarles la Palabra de Dios. Además, en el encuentro anual comparten deportes, juegos, manualidades y lecciones científicas.
“Otras iglesias y fundaciones organizan sus campamentos cristianos para personas sordas”, comenta. “Claro, en el 2020 no se dio ni uno de ellos”.
Como consecuencia de la pandemia, los espacios de ocio y recreación se han reducido aún más.
Comunicación
Las personas con discapacidad auditiva enfrentan ciertas dificultades cuando buscan participar en actividades recreativas, cuenta Shelamer. El problema obedece, sobre todo, a las barreras en la comunicación.
Si requieren hacer una reservación por teléfono porque no hay la opción de hacerla por internet, por ejemplo, deben apoyarse en un oyente que domine la lengua de señas.
“Enfrentan discriminación muchas veces”, afirma Shelamer y rememora la experiencia vivida en un hotel durante un taller de varios días para personas con discapacidad auditiva: “Cuando estábamos en el ‘check-in’, dos personas sordas querían una habitación aparte. Fue muy difícil convencer al hombre del ‘check-in’ de que ellas podían quedarse en una habitación solas”.
“Sin embargo”, comenta, “tenemos que recordar que ellos tienen sus vidas enteras viviendo como personas sordas en un mundo de oyentes. Tienen sus estrategias y maneras para manejarse en el mundo oyente”.
CLAVES
Comunicación.
La comunicación es el obstáculo más importante para integrarse plenamente a actividades de recreación y ocio, y la pandemia ha agudizado las dificultades de comunicación entre personas con discapacidad auditiva y personas oyentes. En la lengua de señas las expresiones faciales son muy importantes, y eso se pierde con el uso de mascarillas














