En física, se sabe que la tensión superficial de un líquido, causada por fuerzas de cohesión intermoleculares, tiende a minimizar el área de superficie. Este mecanismo es responsable de fenómenos macroscópicos como la formación de gotas de lluvia o pompas de jabón. La tensión superficial está en el origen de la inestabilidad capilar, también conocida como inestabilidad de Plateau-Rayleigh, por la cual un fino chorro de líquido se rompe formando una secuencia de gotas. El estudio y comprensión de este fenómeno es de gran importancia en biomedicina, nanotecnología y muchos sectores industriales.
En los gases atómicos enfriados a temperaturas próximas al cero absoluto (273 grados centígrados bajo cero, la temperatura más fría que las leyes de la física permiten), los átomos pierden su individualidad y pasan a obedecer las leyes de la mecánica cuántica. En determinadas condiciones, estos sistemas se comportan como líquidos, aunque permanezcan en fase gaseosa. De hecho, desde hace algunos años, hay tecnología capaz, mediante el control preciso de las interacciones interatómicas, de crear gotas como las de los líquidos, a partir de gases ultrafríos. Estos pequeños grupos de átomos, estabilizados por efectos cuánticos, comparten bastantes propiedades con las gotas líquidas clásicas.














