Ha sido una sorpresa total. Nadie había visto nunca un virus aferrado a otro virus, hasta que los resultados anómalos de una secuenciación durante una investigación pusieron sobre la pista a unos científicos que, finalmente han obtenido una imagen reveladora. Lo descubierto explica los resultados de la secuenciación (se trata de dos seres, no de uno) y además muestra claramente dos virus, uno agarrado al otro, en vez de un solo virus.

 

Ya se sabía que algunos virus, llamados satélites, no solo dependen de su organismo hospedador para completar su ciclo vital, sino también de otro virus, conocido como «auxiliar». El virus satélite necesita al auxiliar para construir su cápside, una cubierta protectora que encierra el material genético del virus, o para que le ayude a replicar su ADN. Estas relaciones virales requieren que el satélite y el auxiliar estén muy cerca el uno del otro, al menos temporalmente, pero no se conocían casos de un satélite que realmente se adhiriera a un auxiliar… hasta ahora.

 

El hallazgo es obra de un equipo integrado, entre otros, por Ivan Erill, Tagide deCarvalho, Elia Mascolo y Julia López-Pérez, los cuatro de la Universidad de Maryland en el Condado de Baltimore (UMBC) en Estados Unidos.

 

Los investigadores han observado concretamente un bacteriófago (un virus que infecta células bacterianas) de tipo satélite, que se une sistemáticamente a un bacteriófago auxiliar. El punto de enganche en cuestión es el «cuello», donde la cápside se une a la cola del virus.

 

En imágenes detalladas de microscopía electrónica tomadas por Tagide deCarvalho, el 80 por ciento (40 de 50) de los auxiliares tenían un satélite aferrado en el cuello. Algunos de los que no lo tenían presentaban zarcillos satélites remanentes en el cuello. Erill los describe como «marcas de mordiscos».