En dos estudios recientes se ha averiguado cómo las moléculas orgánicas complejas, precursores químicos esenciales de la vida, pudieron incorporarse en las cuatro lunas principales de Júpiter durante sus respectivos procesos de formación. Estos satélites, descubiertos en 1610 por Galileo Galilei, son Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.
Diversos compuestos ricos en carbono que contienen oxígeno, nitrógeno y otros elementos químicos son necesarios para la formación de materia viva. Experimentos de laboratorio han demostrado que las moléculas orgánicas complejas pueden formarse cuando granos de hielo que contienen metanol o mezclas de dióxido de carbono y amoníaco se exponen a radiación ultravioleta o a un calentamiento moderado bajo las condiciones propias de los discos protoplanetarios. Estos discos de gas y polvo surgen en torno a estrellas recién formadas y acaban formando planetas.
Los autores de estos estudios han logrado cuantificar con precisión la radiación y las condiciones térmicas que experimentan los granos de hielo en la situación descrita. Al comparar sus simulaciones con experimentos de laboratorio en los cuales se producen moléculas orgánicas complejas bajo condiciones astrofísicas realistas, los resultados mostraron que la formación de moléculas orgánicas complejas es posible tanto en el entorno general de la nebulosa protosolar como en el disco circumplanetario de Júpiter.
Concretamente, una proporción significativa de granos de hielo pudo adquirir moléculas orgánicas complejas y haberlas transportado eficientemente a la región donde se formaron las lunas de Júpiter. En algunos de los escenarios modelados por el equipo, casi la mitad de las partículas simuladas transportaron moléculas orgánicas complejas recién formadas desde la nebulosa protosolar al disco circumplanetario de Júpiter, donde se integraron en las lunas en crecimiento sin una alteración química significativa.














