El agua subterránea es una fuente esencial de agua potable y crucial para mantener los ecosistemas. Sin embargo, en zonas con una alta actividad agrícola y ganadera se enfrenta a una contaminación creciente. Además, la presencia de antibióticos entre los agentes contaminantes preocupa a la comunidad científica por su potencial para generar resistencia a medicamentos antimicrobianos, lo que supone un alarmante problema de salud pública. Los métodos convencionales de tratamiento de agua, como la separación por ósmosis inversa y la adsorción con carbón activado, son efectivos, pero plantean un elevado coste y generan residuos. Estas dificultades son más acuciantes en zonas rurales y aisladas, donde los tratamientos descentralizados representan una alternativa más sostenible y económica.
En España, una investigación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA, en Barcelona, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)), el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), el centro tecnológico Eurecat y las empresas Facsa, Protecmed y Nenuphar, ha demostrado por primera vez el rendimiento estacional de un innovador tratamiento para aguas subterráneas contaminadas con nitratos, pesticidas, antibióticos y genes de resistencia a los antibióticos. Las dos plantas piloto diseñadas para el proyecto, ubicadas en las instalaciones del IRTA en Caldes de Montbui, Barcelona, y en la planta de potabilización de agua en Nules, en Castellón, combinan un innovador sistema de cultivo de microalgas y bacterias, junto con un biofiltro de corcho y madera. Esta solución basada en la naturaleza es capaz de eliminar tanto los nitratos como los posibles microcontaminantes presentes en el agua de un pozo situado en una zona con altas concentraciones de nitratos, de hasta 400 mg por litro.














