Los tumores sólidos no son simples aglomeraciones de células malignas, sino que son tejidos enormemente complejos donde habitan diferentes células que juegan un papel primordial en la progresión del tumor. A lo largo del desarrollo de un tumor sólido, las células tumorales son capaces de “secuestrar” a las células del sistema inmunitario haciéndolas trabajar a favor de la progresión del tumor, por ejemplo, mediante la liberación de factores de estimulación de crecimiento celular, o induciendo la construcción de nuevos vasos sanguíneos que rieguen de nutrientes el tejido maligno en crecimiento.
Dentro de este grupo de células “secuestradas” destacan los macrófagos. Los macrófagos son células que patrullan incesantemente el organismo en busca de agentes patógenos, como bacterias o virus, a los que destruyen engulléndolos. Una vez que los macrófagos caen dentro del control de las células malignas, estos actúan como si estuviesen frente a una herida, en lugar de frente a una amenaza, de tal forma que empiezan a liberar factores de crecimiento y ayudan a vascularizar el tejido convirtiéndose en lo que se conoce como macrófagos asociados a tumor, aliados muy valiosos del tejido tumoral.
Por otro lado, a medida que un tejido tumoral crece, la cantidad de oxígeno que llega al tejido es cada vez menor, ya que la velocidad de producción de vasos sanguíneos no es tan rápida como para irrigar convenientemente toda la masa tumoral. Esto genera un estado hipóxico que hace que estos macrófagos asociados a tumor centren aún más sus esfuerzos en ayudar al tejido a crecer y vascularizarse, provocando un “efecto llamada” que atrae a más y más macrófagos a la zona. Como dato ilustrador de este efecto, en muchos casos casi el 50% de la masa tumoral que se elimina por cirugía en determinados tumores sólidos son macrófagos que acudieron a la zona.
Por si esto no fuera suficientemente malo, la presencia de estos macrófagos impide la acción de otras células del sistema inmunitario, como los linfocitos T o las “células asesinas naturales”, que también van a verse atraídas hacia el tumor, y que tendrían capacidad para destruir el tejido maligno si no estuviesen presentes los macrófagos. Existen diferentes fármacos en el ámbito clínico con capacidad para destruir macrófagos, pero generalmente presentan una toxicidad elevada y pueden dar lugar a efectos secundarios graves, ya que solo sería necesario eliminar los macrófagos asociados a tumor, no el resto de los macrófagos que patrullan por el organismo, que son imprescindibles para el correcto desempeño del sistema inmunitario.
Un equipo multidisciplinar de científicos de las Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, en España ambas entidades, ha desarrollado nanopartículas inteligentes multitarea capaces de destruir de forma selectiva a los macrófagos asociados a tumor,
Este novedoso nanosistema puede cargarse con diferentes combinaciones de agentes terapéuticos y puede ser el primer paso para el desarrollo de nanomedicinas personalizadas contra diversos tipos de tumores.
Estas nuevas nanopartículas, de tamaño similar al de muchos virus (alrededor de 100 nanómetros), reciben el nombre de protocélulas, y están formadas por un núcleo de sílice provisto de miles de pequeños poros con capacidad para albergar combinaciones de fármacos que son tóxicos para los macrófagos, y combinaciones de enzimas capaces de generar oxígeno a partir de descomposición de la glucosa.














