Una buena carretera necesita una buena cimentación. En su construcción, es esencial estabilizar los suelos, que en muchas zonas tienen una base arcillosa, para así conferirles mayor resistencia y capacidad de carga y menor plasticidad e hinchazón. Como material estabilizador se usa cal, pero su producción implica el consumo de recursos naturales y además genera altas tasas de dióxido de carbono (CO2) provocando un alto coste medioambiental. Por tanto, la búsqueda de otras fórmulas para la estabilización es un reto de la construcción sostenible.
Ante este desafío, el grupo de investigación de Ingeniería de la Construcción de la Universidad de Córdoba (UCO) en España ha desarrollado una técnica de estabilización que reduce el uso de la cal en un 66% y baja la huella de carbono a la mitad usando subproductos industriales y nanomateriales con base de sílice. Además, en las pruebas han comprobado que esta técnica mejora las propiedades técnicas del suelo, con menor plasticidad e hinchamiento y mayor capacidad de carga.
El proceso para llegar a la mezcla óptima fue muy concienzudo. «Seleccionamos cuatro residuos: dos tipos de cenizas provenientes de la quema de biomasa forestal, escoria de acería derivada de la producción de acero y residuos de construcción y demolición. Realizamos un análisis completo de sus propiedades mecánicas y microestructurales, examinamos su lixiviación para comprobar que el agua no arrastraba los componentes y contaminaba acuíferos y cuantificamos la mejora ambiental de la reducción de toneladas de CO2 que dejaba de emitir a la atmósfera, en una ejecución de tramos iguales con cada uno de estos materiales» explica el investigador José Luis Díaz, autor del estudio junto con Julia Rosales, Manuel Cabrera y Francisco Agrela, del mismo grupo.














