Hay historias que tocan el alma. Que desgarran. Que desgastan… La de Noemí Mejía es una de esas. Su cuerpo frágil parece ya no aguantar más diálisis, pero sus ganas de vivir son más fuertes que la insuficiencia renal que la hace dormir atada a una máquina. Ella sueña con recuperar su salud.
La joven que hoy protagoniza este relato, tiene 20 años, pero su apariencia define a una adolescente de 12 o 13. Es entendible. Desde niña, un problema de riñón se ha “adueñado” de su organismo. “Cuando tenía siete años, tuvo complicaciones con el cordón medular”. El dato lo ofrece su padre Juan Carlos Mejía en visita a LISTÍN DIARIO.














