Como propietario de X y el usuario con más seguidores, Elon Musk ha utilizado cada vez más la plataforma de redes sociales como micrófono para amplificar sus opiniones políticas y, últimamente, las de las figuras de derecha con las que se alinea. Hay pocos paralelos modernos con sus ocurrencias, pero también es un hecho que hay pocos paralelos modernos con el propio Elon Musk.
Por supuesto: nada de esto debería ser una sorpresa.
En 2022, cuando intentaba comprar Twitter, Musk dijo que lo hacía porque no estaba a la altura de su potencial como “plataforma para la libertad de expresión”. Proteger la libertad de expresión —no el dinero— fue su motivación porque, como dijo, “tener una plataforma pública en la que se confíe al máximo y que sea ampliamente inclusiva es extremadamente importante para el futuro de la civilización”. Musk suele cavilar sobre el futuro de la civilización. Por un lado, parece obsesionado con un inminente “colapso poblacional” que amenaza con arrasar con la humanidad. Y el año pasado se unió a destacados científicos y líderes tecnológicos para advertir al orbe que la inteligencia artificial es un peligro. Musk ha enmarcado las amenazas a la libertad de expresión como otra crisis existencial que se cierne sobre el mundo. Y, según dice, hará todo lo posible por salvarla.














