Los músculos artificiales no solo pueden resultar útiles a los robots; algún día, podrían servir para darles fuerza física extra a las personas en ciertas actividades, o para sustituir tejido muscular deteriorado o ausente.

 

Sin embargo, desarrollar músculos artificiales que puedan compararse con los reales es un gran reto técnico. Para estar a la altura de sus homólogos biológicos, los músculos artificiales no solo deben ser potentes, sino también elásticos y blandos.

 

En esencia, los músculos artificiales son actuadores: componentes que convierten impulsos eléctricos en movimiento. Los actuadores, por desgracia, suelen ser componentes mecánicos duros que no tienen mucho en común con los músculos naturales.

 

Un equipo de investigadores del Laboratorio de Polímeros Funcionales, perteneciente a los Laboratorios Federales Suizos para Ciencia y Tecnología de Materiales (EMPA), está trabajando en actuadores fabricados con materiales blandos. Ahora, por primera vez, han desarrollado un método para producir componentes así de complejos utilizando una impresora 3D.