Ser artista del género del merengue tiene sus particularidades y para las mujeres siempre ha sido cuesta arriba, en comparación a los hombres. Milly Quezada y Miriam Cruz no son excepciones y en sus casos han tenido que enfrentar desafíos, sin convertirse en víctimas, sin ser agresoras y llevando con dignidad la gracia de ser madres junto a la bendición de ser representantes dignas de un género que representa al país en que nacieron y del que sienten orgullosas.

En el caso de Milly dice que ha sido sacrificado “porque todos en la familia pagan una cuota emocional en apoyar al artista. Pero cuando uno ama su oficio aprende a lidiar con ese precio sabiendo que todo lo que es preciado y valioso conlleva un sacrificio”.

Miriam lo plantea de la siguiente manera: “En cierto modo, el hecho de ser mujer hace que el camino sea más duro, más no imposible; siempre y cuando esté el anhelo de superación y valentía para seguir adelante. Particularmente, lo he logrado, con mucha disciplina y motivada a alcanzar lo que me propongo”.

Ver una mujer en un esc