Tengo la convicción de que el presidente Abinader posee la firme voluntad de combatir de manera frontal los grandes focos que, por décadas, han causado las profusas debilidades sociales, por parte de poderosas maquinarias de corrupción que se resisten a los cambios que demandan los tiempos, para no perder la hegemonía que han tenido en los últimos decenios en la República Dominicana.
El mandatario ha motorizado iniciativas tendentes a producir reformas que tocan la médula de prácticas históricas que han sido traumas institucionales. En ese sentido, ha encabezado la llamada reforma policial, que debiera llamarse conformación de una nueva Policía Nacional, con el aumento de salarios dignos que se correspondan con el orgullo de llevar arma y uniforme que representan la autoridad, la tranquilidad de solvencia familiar y garantía de un buen nivel de vida, lo cual genera temor de perder la posición.
A pesar del incremento de las deportaciones de extranjeros indocumentados, crece la población de ciudadanos ilegales en RD, el gobierno ha hecho grandes esfuerzos por reducir la mortalidad materno-infantil, pero se producen incrementos vertiginosos de decesos de parturientas extranjeras sin previos manejos médicos de sus embarazos, así como una alta mortalidad de sus hijos.














