Las poblaciones humanas migran expulsadas o atraídas por determinados lugares y en sus fundamentos generalmente está la esperanza o su contrario, la desilusión. La pobreza sin esperanza expulsa a la gente hacia donde ven alguna posibilidad de sobrevivir con dignidad.

Hay lugares que atraen y lugares que expulsan, desde tiempos ancestrales. Otras que atraían y ahora expulsan consecuencia de sus errores. Otros lugares atraen luego de haber sido tradicionalmente expulsoras de su población, gracias a que han rectificado su camino y emprendieron los nuevos que conducen al bienestar. De todo hay en la historia, para el debido aprendizaje. Lástima que los pueblos tienen mala memoria.

Venezuela conoció bien la migración luego de la Independencia, sobre todo la interna, entre aquellas regiones y lugares que continuaron la guerra ahora entre caudillos regionales, y las escasas que se dedicaron al trabajo creador. El doctor José Gregorio Hernández nació en tierras trujillanas porque sus padres emigraron desde Barinas huyendo de la sangrienta Guerra Federal, pero luego se llevó a sus hermanos de Isnotú a Caracas porque en su tierra los pleitos no cesaban entre “godos y lagartijos” matándose sin saber por qué, estorbando a los que sembraban prosperidad con el café.

La migración rural – urbana experimentada en Venezuela es parte de la tendencia planetaria de vivir en las ciudades, dada la concentración en ellas de inversiones y oportunidades, y su contrapartida: el abandono de los campos. En Venezuela se acentuó este proceso sobre todo hacia las ciudades del centro norte costero y hacia las ciudades petroleras, gracias a la concentración de las inversiones de la renta petrolera, junto al abandono de la provincia.

Los venezolanos casi no conocíamos la emigración externa hacia otros países, pero como contrapartida sí recibimos una grande y útil inmigración extranjera, sobre todo europea y del oriente próximo, también de los vecinos cercanos como Colombia, Ecuador y Perú, y de los lejanos chinos que están en todas partes. Vinieron a buscar aquí la esperanza que no encontraban en sus lugares de origen, fundada en la bonanza producida primero por el café y luego por la producción petrolera.