Él es un transformador de realidades. Desde muy niño, con su hermano, disfrutaba de hacerle doblez al papel con el fin de construir flotillas de naves. Todas las tardes, imaginaban un viaje entre planetas y universos.

Lo cierto es que Mich Román, en algún momento de su infancia, fantaseaba lo que podría ser cuando le tocara agarrar el timón de la vida.

Con el pasar de los años, esas naves de papel se transformaron en la creación de prendas de vestir con un estilo avant-garde.

Volviendo al pasado del hoy diseñador, asegura que su capacidad de crear fue una conducta aprendida. Creció observando a su padre y abuelo buscando soluciones para cada necesidad en la casa. De ahí viene su habilidad con las manos y la fe de que se puede construir todo lo que la imaginación permite visualizar.

Sus colecciones están basadas en texturas geométricas, y el origami teselado le aporta mucho a sus colecciones. Quizás por eso entiende la geometría como un signo, “como el elemento más simple para la comunicación de un mensaje, siempre que esté apoyado en un código que le dé a cada figura geométrica un significante”.