Un paseo en teleférico es un “must” para quien visita Medellín por vez primera. Tal es mi caso. Me acompaña mi nieta Mariale. En la estación del metro-cable San Javier- nuestro guía Andrés Muñoz, a quien contratamos para ir a nuestro aire, adquiere los boletos, cuando nosotras cruzamos a una pastelería a comprar (con dinero colombiano, pues no aceptan dólares) unas galletas.

En el cable, al tiempo que atravesamos cinco estaciones del barrio Comuna 13, tras las transparentes, pero empañadas paredes de la cabina, contemplamos la panorámica del valle con sus construcciones y la montaña en derredor.

A lo lejos, en un tono más claro, la escalofriante escombrera. Y digo escalofriante porque bajo todos los escombros hay cadáveres sin identificar. Tal vez cientos. Lo dice la vox populi, que recuerda los enfrentamientos entre guerrilleros y los encapuchados de la Fuerza del Pueblo con apoyo gubernamental y, en medio, los habitantes que no estaban con ningún bando. Dicen que aún quedan guerrilleros viviendo en la montaña…

Tras el paseo es tiempo de almorzar. “Quiero ir a un sitio sencillo, pero con buena comida, dond