Marilú Marini: Fue sobre todo una idea que partió del deseo de hacer conocer esta obra en Europa. La hemos hecho en Madrid, en los Teatros del Canal, y Berlín es la segunda ciudad europea en la que este «Matate amor” va a abrir los ojos a un público que no es porteño. Berlín es un crisol de culturas y tiene un movimiento cultural y teatral de una energía enorme. Y hay algo también inexplicable en este deseo, que tal vez venga de un enamoramiento de la actriz Érica Rivas de esa ciudad. Y por mi parte, mi madre era alemana, de Prusia Oriental. Emigró después de la Primera Guerra Mundial, y llegó a Argentina a los 18 años.
Pienso que en Berlín hay una apertura y una necesidad de romper estructuras. Pude palpar muy de cerca el interés del público alemán por la cultura y hacia el teatro. En Berlín hubo un florecimiento que dio lugar a corrientes culturales muy fuertes que han teñido el tejido cultural europeo. Y en «Matate amor” hay algo de un salvajismo, de un personaje que está fuera de lo estipulado, fuera del mandato patriarcal y capitalista, y eso es también algo que tanto Érica como yo queríamos mostrar en esa ciudad.
El personaje de la obra derriba los estereotipos de cómo «debería» sentirse una mujer al tener un hijo. ¿De qué modo hace llegar usted la trama de esta obra a un público alemán?
Pienso que el público alemán necesita, por su historia y por su situación, y justamente porque la estructura cultural es tan fuerte, agrietarla, y, a través de esas grietas, ver otros paisajes, otras posibilidades.
En esta obra nosotros no damos la respuesta o la receta de cómo hacer, de cómo llegar a esa otra estructura, lo que se lanzan son preguntas, son otros caminos, otras escenas. Pero no se plantea qué es lo que debería ser. El personaje de esta mujer está en búsqueda de ella misma, de apropiarse, de tratar de definirse. También es una mujer que está formándose como artista, que se está creando como autora. Hay algo en ella que no está acabado. No es piedra ya tallada, es piedra tallándose, es arcilla haciéndose Y eso implica también un espectador que no sea pasivo y no reciba una orden o un esquema a seguir, sino que se vea envuelto en una revuelta. Y yo pienso que es maravilloso que sea así, porque quiere decir que todo eso, todo lo que le está sucediendo, está vivo.














