Estaba vestida de blanco y negro ese día en la oficina. Un atuendo simple, pero muy elegante. Se le veía una actitud segura, como si supiera que esos colores son asertivos para una primera impresión, debía saberlo.

Tenía cita con la señora Rosanna y el equipo de Revistas. Sería la próxima estilista que colaboraría para vestir a los talentos, pero se presentó como diseñadora de modas, disciplina que estudió en París. Se le iluminó el rostro mientras contaba su experiencia en Francia y manifestaba su gran deseo por iniciar sus trabajos en el país.

Decidió crear su marca de ropa durante la pandemia y la llamó “Sable” (“arena” en francés) porque se considera una amante de la naturaleza y los colores propios de cada uno de sus ecosistemas.

Su primera producción fue la confección de mascarillas, elaboradas con telas recicladas. Luego, comenzó a trabajar con lo que serían sus primeros modelos de ropa: camisas para caballeros y tres sets para damas, dos de blazers y pantalones largos, y el tercero de shorts y chalecos.

Mariela Peña, desde sus 15 años, ya modelaba. Para ella era un hobby y, d