Desde muy pequeña María Celeste Arrarás Mangual supo que su vida estaría marcada por la narración de lo que veía y sentía. Creció en Puerto Rico, en una familia de educadores, un entorno que la marcó profundamente.
Su padre, rector de una universidad, la rodeó de un ambiente académico y cultural desde temprana edad. “Crecí en un campus universitario hermoso y yo era como la mascota de la universidad”, recuerda con cariño durante una visita, el jueves, a Listín Diario.
“Los estudiantes me hacían fiesta, se metían conmigo y yo incluso vendía lápices, y como era la hija del rector, ¡me los compraban todos!”, dice.
Ese pequeño mundo lleno de saber y belleza, hizo de su niñez “una muy saludable”.
Cuenta que se sentaba a escuchar las conversaciones de los adultos, donde profesores universitarios hablaban de literatura, mitología griega, poesía y música.














