En el barrio de Los Sin Bañarse, la necesidad, exclusión y vulnerabilidad guardan una relación bastante cercana. Casi como la que tienen entre sí las personas que allí habitan. Ubicado en Los Tres Brazos, este lugar representa un claro ejemplo de lo contrario a un hábitat digno.

Frente al desinterés, por varias décadas, de entidades como la Alcaldía de Santo Domingo Este, la Dirección de Ordenamiento y Desarrollo Territorial y el Ministerio de Medio Ambiente, en Los Sin Bañarse, montañas de plástico, materiales de construcción y basura sirven de zapata para las casas de quienes huyen de las inundaciones del río Ozama.

En esa porción de terreno, que se alcanza a ver desde el Teleférico de Santo Domingo, hay dos tipos de habitantes: los que, en búsqueda de comodidad y seguridad, reunieron suficientes desechos y dinero para construir sus hogares sobre desperdicios y pasaron de la “muerte a la vida”; y quienes viven más pegados al suelo, con temor de que las aguas acaben con sus enseres.

Más de 200 familias habitan en Las Lilas, uno de los nombres con que se conoce a Los Sin Bañarse. No obstante, quienes se elevaron sobre la basura provocaron un grave problema a quienes siguen en el “purgatorio” ya que estos quedan hundidos en una especie de hoyo, vulnerables a cualquier gota de agua.

El señor Anthony Moreta es uno de los representantes de la comunidad. Considera que el sueño de progreso es el motivo por el que algunas personas cambiaron el nombre de Los Sin Bañarse a Las Lilas. Tras casi 40 años de su fundación, destaca que ya tienen energía eléctrica y unos cuantos “ranchos» pasaron de madera a blocks de cemento.