La primera temporada de ‘El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder’ tuvo que hacer frente a numerosos problemas. Las altísimas expectativas en torno al proyecto, los 465 millones de dólares que invirtió Amazon y la comparativa con los inicios de ‘La Casa del Dragón’ le pasaron factura a una serie que, si bien flaqueó en aspectos de ritmo, duración y demasiadas conversaciones vacías, y que fue muy de menos a más, fue demasiado vapuleada en gran medida por el ala más reaccionaria del ‘tolkienismo’ que se echó las manos a la cabeza con la aparición de personajes no canónicos o, incluso, con el tono de piel de algunos de ellos.
Es difícil separar el grano de la paja, y dilucidar cuánto de todo ese ruido mediático que pudo incluso cargarse un proyecto que tiene previsto ser de larga duración es constructivo y cuánto es, simplemente eso, ruido de troll (y no de las cavernas… o sí). Pero la realidad es que la primera temporada de ‘Los Anillos de Poder’ tuvo una completion rate (tasa de finalización) del 45%. Es decir, que menos de la mitad de los que la empezaron vieron el octavo episodio. Y eso para la producción más ambiciosa de Amazon es demoledor.














