Los eclipses de sol ofrecen una breve visión de la fantasmagórica corona solar que rodea al Sol, la cual normalmente no se puede observar debido al brillo del Sol. Pero la corona pronto se podrá estudiar de forma más continuada: la Agencia Espacial Europea (ESA) ha presentado públicamente la pareja de naves espaciales que componen su nueva misión Proba-3, destinada a producir eclipses solares orbitales a la carta.

 

La nave espacial Occulter (Ocultador) de Proba-3 volará a unos 150 metros de distancia de la segunda nave espacial, Coronagraph (Coronógrafo), presentada a los medios de comunicación en las instalaciones de Redwire Space en Kruibeke, Bélgica, donde se están sometiendo a pruebas previas al vuelo. La pareja se alineará con el Sol con tanta precisión que el ocultador proyectará una sombra sobre la cara del coronógrafo, ocultando el Sol para que la corona sea visible.

 

«Las dos naves espaciales actuarán como si fueran un enorme instrumento de 150 metros de largo», explica Dietmar Pilz, director de Tecnología, Ingeniería y Calidad de la ESA. «Sin embargo, lograrlo será un reto técnico extremo, porque si se produce el más mínimo desajuste, no funcionará. El proceso de desarrollo ha sido igualmente largo, llevado a cabo por un consorcio de Estados miembros de la ESA liderado por España y Bélgica, por lo que estoy muy satisfecho de ver hoy aquí a Proba-3, preparándose para el lanzamiento».

 

Crear eclipses solares artificiales en órbita

 

La idea subyacente no es nueva: una cápsula cilíndrica Apolo intentó hacer lo mismo con una nave espacial soviética Soyuz durante la misión Apolo-Soyuz en 1975. Pero el objetivo con Proba-3 es producir estos eclipses artificiales de forma rutinaria a través de una formación en vuelo precisa, hasta seis horas seguidas por cada órbita de 19 horas y 36 minutos.

 

Los eclipses solares se producen debido a una notable coincidencia cósmica: el Sol es 400 veces más grande que la Luna de la Tierra, pero también está exactamente 400 veces más lejos. Esto significa que cuando los dos cuerpos están exactamente alineados en el espacio, la Luna cubre la cara ardiente del Sol, revelando la corona solar, que se extiende a millones de kilómetros de nuestra estrella madre.