Por una desolada y empinada carretera en medio de una abundante vegetación silvestre vamos en auto rumbo al más alto cerro de Cartagena: el Cerro de la Popa.
Es, asimismo, la ruta del Viacrucis donde cada cierto trecho una cruz va marcando las catorce estaciones. “Miren, una estatua de la Virgen”. Quien nos llama la atención, a mi hijo Alexis y a mí, es Mariale, mi nieta.
Vamos los tres con un guía y un auto con conductor especialmente contratados para “turistear” a nuestro aire y horario. El chofer reduce la velocidad para que veamos con detalle a la Virgen de la Candelaria, de raza negra, en una gruta protegida por rejas.














